Decrecimiento: trabajos y tiempos

El Decrecimiento como cuestión de trabajo (no de empleo) y como cuestión de tiempo (no de reloj):

El trabajo es un concepto polisémico que muchas veces se tiende a equiparar con el empleo, el cual produce riqueza al ser mensurable y poder, por ello, intercambiarse en el mercado tal y como si fuese una mercancía. Este tipo de trabajo (empleo) está íntimamente relacionado con el poder adquisitivo de la persona; es lo que le permite producir y por lo tanto consumir (la persona que no trabaja no consume y quien no consume no crea empleo según nuestro actual modelo de desarrollo). No obstante, no todo el trabajo que se realiza se considera empleo, ya que no todo el trabajo que se realiza es remunerado; todo lo cual significa que se visualiza en la sociedad un tipo de trabajo (el productivo/asalariado) y se invisibiliza otro (el reproductivo/no remunerado).

Según Matxalen Legarret debería considerarse trabajo todo aquello que se ha de hacer para garantizar la sostenibilidad de la vida. Esta autora recuerda que el trabajo tiene una dimensión objetiva ligada a la vida material (supervivencia) y una dimensión subjetiva ligada al sentido que le damos a nuestra existencia en función de nuestra actividad. Al estar tan estrechamente unidas ambas dimensiones el trabajo no puede más que considerarse como un proceso continuo donde empleo y cuidados se interrelacionan; no siendo uno superior al otro por la necesidad y complementariedad de ambos. Las estrategias que desde el feminismo se aportan son fundamentalmente tres: 1) revisión del concepto de trabajo; 2) reconceptualización del mismo (considerando la carga global de trabajo remunerado y no remunerado y revalorización del trabajo doméstico y de cuidados); y 3) medición (del trabajo y el tiempo no remunerado para así visualizarlo como es debido). Está comprobado que de media las mujeres trabajan 2 horas más que los hombres al día; pues la mayoría de las veces son ellas las que dedican gran parte de su tiempo no remunerado al trabajo considerado no-productivo, es decir, al trabajo doméstico y de cuidados. Todo lo cual provoca que su tiempo de ocio y disfrute se vea fuertemente reducido por el cumplimiento de su jornada laboral (trabajo productivo) y su jornada doméstica (trabajo reproductivo).

El tiempo, en sí mismo, tiende a considerarse en función del tiempo industrial, es decir, por los horarios que impone un reloj. Matxalen Legarret apunta que el tiempo es una cuestión política, pues la sociedad ha pasado a organizarse en función del mismo, más concretamente del tiempo del trabajo productivista o trabajo asalariado. No obstante, el tiempo no es meramente horario laboral, pues hay que considerar: 1) el tiempo en el arco de la vida, es decir, el tiempo como cuerpo (el mercado actualmente se coloca en el centro de la vida sin considerar si quiera el momento reproductivo); 2) el tiempo en el trabajo, es decir, el tiempo como recurso que va más allá del empleo y que engloba todo el trabajo no remunerado; 3) el tiempo en la naturaleza, el biorritmo de los ecosistemas; 4) el tiempo social; y 5) el tiempo en la ciudad, es decir, el tiempo marco donde el urbanismo define el tiempo y el espacio.

Para cambiar el modo de concebir el tiempo y lo que es trabajo, y superar de una vez por todas el binomio estúpido entre trabajo productivo/trabajo reproductivo y así desplazar las leyes del mercado y crecimiento económico en la definición de trabajo, es necesario organizarnos colectivamente. Para ello, Florent Marcellesi propone los siguientes tres puntos: 1) Redistribución del tiempo de trabajo mediante decisión colectiva; 2) Establecimiento de una jerarquía de los trabajos entre deseables y no deseables en función de que sean socialmente y ecológicamente perjudiciales para la sostenibilidad de la vida; y 3) Distribución y redistribución de la renta (establecimiento de una renta máxima y de una renta mínima) y de la jornada laboral (reducción de la jornada laboral a 21 horas).

¿21 horas, por qué?

«Una semana laboral “normal” de 21 horas podría ayudar a abordar una serie de problemas urgentes e interrelacionados: exceso de trabajo, desempleo, consumo excesivo, altas emisiones de carbono, bajo bienestar, desigualdades consolidadas, así como la falta de tiempo para vivir de una forma sostenible, preocuparse por los demás, y simplemente disfrutar de la vida». (nef y ecopolítica, 2012:9).

Debe advertirse que defender la reducción de la semana laboral a 21 horas no es una receta que deba llevarse a raja tabla; es una «provocación» para llevar a debate la locura ecológica de una semana laboral “normal” de 36 horas. Por otro lado, no es una medida a establecer de un día para otro, debe de ser paulatina; teniendo como objetivo el establecimiento final de 21 horas, que en ningún caso deberá imponerse de manera inmediata por los costes sociales que eso acarrearía.

La reducción de la semana laboral a 21 horas tiene tres razones fundamentales:

  1. Proteger los recursos naturales del planeta: al reducir el tiempo de trabajo productivo se estaría reduciendo la huella ecológica al disminuir la productividad y por ello el consumo de energía y materias primas. Igualmente esta reducción de la jornada laboral permitiría llevar a cabo una vida sostenible al tener más tiempo para ocuparnos de hacer las cosas de manera autónoma y sin prisas (hacer la comida, plantar, desplazarnos en transporte público, leer, hacer talleres y cursos…)

  2. Alcanzar mayor justicia social y bienestar: al reducir el tiempo de trabajo productivo se repartiría más y de forma más homogénea el trabajo entre las diferentes personas. Además, se ganaría en democracia, ya que tener más tiempo podría permitir una democracia más participativa. Esta justicia social, no obstante, no viene dada por el simple hecho de reducción de la jornada, a ella deben ir aparejadas unas condiciones laborales estables y un salario favorable para vivir. Los beneficios de la reducción de la jornada laboral se verían reflejados en: a) mayor bienestar para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo; b) mayor control sobre nuestro tiempo; c) un reparto más justo ente mujeres y hombres; d) un mejor reparto para padres e hijos; e) una mejor tercera edad; f) más tiempo para los cuidados sociales; g) más tiempo para ser ciudadanos activos; h) el hacer crecer la “economía vital”; i) co-producción de bienestar; y j) más tiempo para el ocio. (nef y ecopolítica 2012:62-81)

  3. Alcanzar una economía próspera sin crecimiento adaptada a las necesidades de la sociedad y del medioambiente.

¿Cuáles son los problemas que podría acarrear una reducción de la semana laboral a 21 horas? ¿Cuáles son las sugerencias para paliar o solucionar esos problemas?

Los problemas que se plantearían con esta reducción de la semana laboral serían los siguientes: «el riesgo de que la pobreza aumente al reducir el poder adquisitivo de aquellos con salarios bajos; pocos puestos de trabajo nuevos ya que la gente que tiene trabajo acepta hacer horas extras; la resistencia del empresariado debido a un aumento de costes y a una falta de aptitudes; la resistencia de los trabajadores y sindicatos debido al impacto sobre los ingresos en todos los niveles; y una oposición política» (nef y ecopolítica, 2012:13).

Las sugerencias que realiza nef (the new economics foundation) para hacer frente a estos problemas los reproducimos a continuación literalmente; son las siguientes (nef y ecopolítica, 2012:14-16):

  1. Lograr un menor número de horas de trabajo con las condiciones siguientes:

    1. Reducción gradual de las horas a lo largo de una serie de años en consonancia con los incrementos salariales anuales

    2. Un cambio en la forma en que se gestiona el trabajo para desincentivar las horas extras

    3. Una formación activa para combatir la falta de aptitudes y para conseguir que las personas que llevan mucho tiempo sin trabajar vuelvan a formar parte del mercado laboral

    4. Una gestión de los gastos del empresariado que sirva para recompensar más que para penalizar la contratación de más personal

    5. Garantizar una distribución de los ingresos más estable e igualitaria

    6. Introducir normativas para estandarizar los horarios que, al mismo tiempo, promuevan horarios flexibles adaptados a las necesidades de los empleados

    7. Mayor y mejor protección para los autónomos contra los efectos de los salarios bajos, muchas horas de trabajo e inseguridad en el trabajo.

  2. Garantizar un salario justo mediante:

    1. La distribución de los ingresos y de la riqueza por medio de mayores impuestos progresivos

    2. Un salario mínimo más elevado

    3. Una reestructuración radical de las prestaciones sociales

    4. Más y mejores servicios públicos

    5. Incentivar la actividad y el consumo no mercantilizado

  3. Mejorar las relaciones de género y la calidad de la vida familiar en base a:

    1. Unas condiciones de empleo flexible que animen a una distribución más igualitaria del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres

    2. Un sistema universal y de alta calidad de atención y cuidado infantil que encaje con el horario del trabajo remunerado

    3. Un aumento del trabajo compartido y más límites a las horas extras

    4. Jubilación flexible

    5. Medidas más firmes que impongan la igualdad salarial y de oportunidades

    6. Más empleos para hombres relacionados con el cuidado y la enseñanza en la escuela primaria

    7. Más programas de cuidados infantil, de ocio y tiempo libre, así como de cuidado de adultos, utilizando modelos de coproducción de diseño y prestación

  4. Cambiar las normas y las expectativas sociales para alcanzar:

    1. El desarrollo de una cultura más igualitaria

    2. Una mayor concienciación del valor del trabajo no remunerado

    3. Un fuerte apoyo gubernamental para actividades no mercantilizadas

    4. Debate nacional sobre la forma en la que utilizamos, valoramos y distribuimos el trabajo y el tiempo.

    Recursos utilizados:

Reflexiones del III Encuentro de Decrecimiento y Buen Vivir (Bilbao 2013). Mesa redonda: Florent Marcellesi, Lorena Cabnal y Matxalen Legarret

Nef y Ecopolítica (2012) 21 horas. Una semana laboral más corta para prosperar en el siglo XXI. Icaria Asaco

 

 

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